Hace un año, tres meses, cuatro días, seis horas, doce minutos y seis segundos noté que la cabeza iba a explotarme. Y eso, en mitad de un trayecto automovilístico puede resultar mortal. En ese preciso instante y después de años apegado a las melodías ochenteras ofrecidas por el grupo Prisa, decidí evolucionar en mis costumbres musicales, cambiando de dial.
La elección resultó difícil entre un conjunto de emisoras que te ofrecen más de lo mismo. Sin embargo, una gozaba de un encanto especial, tanto para lo bueno como para lo malo. Había oído que la programación de Radio 3 era la más ecléctica del mercado radiofónico español, pero no me imaginaba que pudiera tener una franja dedicada al rap en catalán. Y no lo digo por desmerecer a un género que personalmente no me atrae, tanto musical como ideológicamente.

El otro día escuché a Javier Gallego en su carnicería ‘burtoniana’ cómo alababa las recomendaciones realizadas por un oyente o escuchaba emocionadísimo una maqueta enviada por un grupo vigués cuyo nombre me recuerda al sonido del excremento cuando desciende suavemente hacia el váter: Cró! (que, por cierto, recomiendo).
Tengo una teoría al respecto. Estoy seguro que si supiera tocar un instrumento con dignidad y editara algo con una de esas magníficas grabadoras de los años noventa (esas que medían 30×30 centímetros), mis ‘sonidos’ llegarían a Radio 3. No estoy desmereciendo la calidad musical de la emisora.

Si es verdad que abonarse a ella durante todas las horas de conducción significa tener que aguantar terribles melodías musicales de vez en cuando, pero también ofrece algo que añoraba con anterioridad: variedad y calidad.
Si a todo ello añadimos un conjunto de voces carismáticas como Julio Ruiz, Diego Manrique, Juan de Pablos, Ángel Carmona, Lara López o Javier Hernández y una serie de programas inconcebibles en otras emisoras, como las melodías bizarras de los Hermanos Pizarro o los espacios de Andy Chango y ‘El Langui’, nos daremos cuenta que Radio 3 destaca en la pluralidad.
No me considero un experto musical y ni mucho menos llego al nivel de otros comentaristas en este blog, pero si consiguiera poder vivir de esta emisora pública seria la ostia. ¡Qué bien se lo pasan sus integrantes!
canogarfunkel

















Alabado sea el cambio. No sé por qué giro del destino, el período que pasaste enganchado a M80 fue también el que más ejerciste como chófer. ¡Mi cabeza también iba a explotar ya! Admito que también fui asiduo a M80 por un (breve) tiempo… Creo que en el cambio tuvo mucho que ver aquel viaje a Barcelona con tu jefe, el gran Marià, para ver a Nacho Vegas en l’Auditori, ¿eh? Radio3, para lo bueno y para lo malo, es lo único que hay. Si nos quieren dejar unos minutos a los inercios, nosotros encantados, ¿no, amigos?
Por cierto, bienvenido a La Inercia, mr. garfunkel!
Buen artículo para empezar garfunkel.
El ‘problema’ de m80 es que siempre ponen música que si bien no apasiona, nunca molesta, y creo que ese es el secreto de que enganche como una droga. Por ello, lo mejor es borrar m80 para siempre del dial de la radio y olvidar que alguna vez existió