¿Exigencias desmedidas?

Publicado por withor en 2/octubre/2009

Ojalá nunca hubiera tenido que escribir algo así, pero no quiere engañarme a mí mismo. Allá voy. El último disco de Nacho Vegas, El manifiesto desastre, me parece normalito, algo vacío, carente de sustancia, falto de emoción y artificial. El problema es que estoy comprobando que este parece ser el camino elegido últimamente por el gijonés. Un camino, a mi parecer, muy equivocado.

nacho

Siempre tuve en un pedestal a Nacho Vegas. Él, junto a Interpol, lograron cambiar mi mentalidad musical para siempre. En mi vida musical, existe un antes y un después de Nacho Vegas.

He entrado en catarsis infinitas veces escuchando el interminable fade-in de Noches Árticas; he leído una y otra vez la letra de Ocho y Medio y he llegado a la conclusión de que es imposible escribir mejor una canción; se me han quedado clavados en la mente, para toda mi vida, los acordes de piano de El mundo en calma; he intentado conciliar el sueño imaginando durante muchas noches qué aspecto debe tener el ‘Loco’ Tomás; he pensado que yo era el hombre que casi conoció a Michi Panero; me he reído escuchando la Historia de un Perdedor, he llorado con las similitudes que ciertas experiencias personales reflejan en Autoyuda; he soñado con follarme a una puta en Amsterdam mientras a mi lado, sonriente, un tipo con aire extraño mueve los dedos y los brazos tocando Gang Bang. Todo esto y mucho más, es lo que Nacho Vegas representa para mí.

Sin embargo, desde aquel disco llamado Verano Fatal, que sólo llegué a escuchar una vez, sus canciones ya no despiertan estas emociones en mi ser. Nacho Vegas siempre ha sido un gran letrista, quizás el mejor, pero a mi siempre me encantó su faceta musical. Instrumentos inauditos, ritmos hipnóticos, guitarras que nadie pensaba que iban a aparecer, todas estas cosas eran habituales en Nacho Vegas. Cada canción, era una sorpresa: ¿Qué es lo que vas a hacer ahora, Nacho?

Pero aquello ya pasó. Ahora, el asturiano se ha ‘apalancado’ en la comodidad del cantautor: para que vamos a trabajarnos la música si lo que importan son las letras. Y, guitarra acústica en mano, la fama de Vegas ha ido creciendo, a la vez que mi camino y el suyo empezaban a tomar distintas direcciones.

Debo decir, sin embargo, que sería estúpido por mi parte asegurar que El Manifiesto Desastre es un mal disco, porque no lo es. Es un buen disco. Pero no para Vegas. O no para lo que Vegas representa para mí. Rrecuerdo una crítica que leí en una revista sobre el disco en la que decían: Nacho Vegas ha conseguido que cada disco suyo no deba suponer un salto, sino dos. Y quizás tengan razón. Quizás le estoy pidiendo demasiado. Quizás estoy siendo víctima de mis exigencias desmedidas. Porque sólo una persona que me ha provocado sentimientos así de fuertes, puede decepcionarme tanto. Por eso, le voy a dar a Nacho todas las oportunidades que hagan falta. Realmente espero que algún día, aunque sea después de unos cuantos discos infames, vuelva a despertar en mí aquellas añoradas sensaciones. Mientras tanto, me dedicaré a escuchar Morir y matar, soberbia canción que cierra El Manifiesto Desastre, deseando que Nacho cambie de dirección, y que algún día volvamos a caminar juntos por el mismo sendero.

withor

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5 comentarios to “¿Exigencias desmedidas?”

  1. Por fin tenemos aquí tu crítica. Me gusta que aproveches para reflexionar sobre lo que la música de Nacho significa para ti. El caso es que yo sigo pensando que Dry Martini S.A., El tercer día o Un desastre manifiesto tienen todo eso que tú buscas y más: cambios bruscos, arreglos sorprendentes, atmósfera hipnótica, clímax desgarrador… Crujidos es Nacho puro, Detener el tiempo toca un tema humanísimo con una melodía clara y En lugar del amor es un experimento que divide (a mí me gusta). Nuevas mañanas ya la había olvidado, eso sí… Pero las que he nombrado tienen a ese Nacho hipervoltaico que tanto nos gusta más una buena dosis de los ambientes made in Boba gracias al piano. Creo que acabarás amando este disco, ya verás. Al tiempo.

  2. withor dice:

    Pero no es el mismo estilo que antes. Yo, al menos, lo veo diferente. Supongo que nunca nos pondremos de acuerdo con este tema jeje. Yo creo, simplemente, que nacho ha evolucionado hacia un estilo que a mi me gusta menos, es así de simple.

    volveré a escuchar el disco, a ver si le pillo algún puntillo o algo

  3. Raúl dice:

    Sí, quizás sea un problema de estilo y no de calidad pero tampoco creo que sea algo brusco. Sí es verdad que el último disco suena un poco más limpio (sólo en la forma; el contenido tiene esas dosis de amargura ‘made in’ NV) pero igualmente eléctrico y, a nivel de composición, lo veo bastante complejo (una ranchera, el tema glam dedicado a Bolan o una canción como ‘Un desastre manifiesto’). Para mí hay un puñado de canciones que mantienen el nivel del Nacho más épico. Quizás no sea su disco más compensado pero Nacho llega muy alto en algunos temas que creo que van a ser clásicos en sus directos. Pero sé lo que dices. ¡Añoras ese dejarse llevar instrumental de ‘Cosas bien hechas’! Para mí, sin llegar a ese extremo, la paranoia guitarril anda por ahí en dos o tres temas.

  4. withor dice:

    Es lo que me extraña, que los dos veis esa ‘paranoia guitarril’ como vosotros habéis definido y yo sin embargo no la encuentro por ningún lado.

    Por cierto, la nueva canción de Vegas, ‘Las inmensas preguntas’, es una canción increible y me tiene enganchado. A lo mejor este post es una premonición…

  5. Mendips dice:

    El Manifiesto Desastre no lo veo tan diferente a los de antes y lo pongo entre los mejores de su carrera, estoy de acuerdo con el primer comentario.

    Esa sensación de decepción la tuve cuando escuché La Zona Sucia por primera vez, y las tres o cuatro veces posteriores. Por momentos pensé que para mí se había acabado ya, que ya no me haría sentir lo mismo que me hizo sentir (y sigue haciéndome sentir) con canciones como “Canción de Palacio”, “Etcétera”, “El jardín de la duermevela”, etc. Pero aún así le seguí dando oportunidades y a base de escucharlo he conseguido apreciarlo y me parece fantástico. Es otro rollo sí, y preferiría ese guitarreo de antes, pero sigue siendo Nacho en estado puro. La ironía, la tragedia, las melodía que te llevan…

    Esto me recuerda un poco a cuando los padres se preocupan por cómo ha cambiado su hijo adolescente. Llega un punto en que tienen que aceptar que la evolución trae consigo cambios y que es preciso confiar en ellos y apoyarles para que encuentren su camino. Nacho tiene que evolucionar a su manera y hay que permitírselo, ni que sea solo por lo que ya nos ha dado hasta ahora. Yo, por lo menos, le estaré siempre agradecida. En fin, no sé si es la comparación más adecuada pero es que tampoco son horas, que no he dormido en toda la noche… :)

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