La situación: deambulo por las calles de un pequeño pueblo del desierto esquivando (o masacrando) decenas y decenas de muertos vivientes. Tengo que arreglar una maldita moto antes de que el ejército ponga un pie en la localidad para salvar a mi hija infectada. Y aquí está este tipo, con la pieza que me falta para la reparación y diciéndome que es un gran fan mío, que me admira, pero que no me la puede dar porque la está usando como arma. Que vaya a la tienda de armas y le traiga una katana a cambio, dice. Mientras, el tiempo se agota.
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Los héroes del pan y el circo
Más de cinco millones de parados. Familias que se quedan en la calle en beneficio de un banquero. Jóvenes con talento que emigran en masa en búsqueda de oportunidades. Griterío, juergas, morbo e imbecilidad televisiva. Hundimiento para los que se esfuerzan y elevación hasta los altares de aquel que roba, engaña, se enriquece, se acuesta con el famosito de turno y se enorgullece de poner su cara de tonto delante de la masa. Ínfimo espíritu crítico y de solidaridad.
Las horas
Que le den un poco por culo a las cosas largas, a la épica de diez entregas, a las trece temporadas porque la historia no cabe en menos. ¿No decía Paco Loco que a los pianistas habría que cortarles tres dedos? Pues a los narradores megalómanos, a las cadenas insaciables, a los masterminds televisivos de expansión aceitosa, habría que darles una patada en los huevos por cada hora de nuestra vida que desperdician.
El rey de los garrapatas
Garrapata (Deriva de caparra, de origen prerromano).
1. f. Ácaro de forma ovalada, de cuatro a seis milímetros de largo, con las patas terminadas en dos uñas mediante las cuales se agarra al cuerpo de ciertos mamíferos para chuparles la sangre, que suele ingerir en tal cantidad que su cuerpo llega a hacerse casi esférico.
2. f. coloq. Mil. En los regimientos de caballería, caballo inútil.
3. f. coloq. Mil. Tropa que cuida y conduce las garrapatas (caballos inútiles).
4. m. coloq. Arthur Garfunkel
El porqué de mis patillas
En la patilla de Abraham Boba podría aterrizar un Boeing 747 con tranquilidad. Quien la pillara. La de Jota, de Los Planetas, es más bien un arbusto por podar, un felpudo deshilachado, algo así como el mapa de Eurasia en el rostro, y la de Raphael fue hace décadas un poco Alex Kidd, aniñada con garbo y gracia. ¿Y la mía? Ay, mis curras, alegría y tormento, causa de mi desvelo. Diván y venga ese trauma.
A Salou de marcha (fúnebre)
Miércoles. Nueve y algo de la noche. Antes de irse de la redacción una compañera curiosea entre las páginas ajenas del periódico que se van a publicar mañana. Echo un ojo también al titular que le ha llamado la atención y que ha dejado escapar algunas risas: ‘El comercio de Salou, harto de oír una marcha fúnebre en la música ambiental’. Me sobrecoge el enigma, pero tengo prisa y no me da tiempo a leer más.
Música para una carrera
Empecé a correr porque era incapaz de hacerlo. ¿Qué otro motivo podía tener? Pedalear unos kilómetros, nadar unos largos, darle a unas mancuernas: ahí me podrían catalogar de regular tirando a malo. Pero… ¿corriendo? Mi estatus oficial era de fatalérrimo. Un kilómetro y veía a la pálida dama, palabra. Sí, empecé a correr y vi que era capaz de hacerlo, pero aún mejor: descubrí otra forma de sentir la música.
El evangelio según San Josele
Exhibe semblante rudo y ademán campechano y ‘destraler’. Habla chabacano, como desfogando en la informalidad oral la carga poética de sus letras, ese negro sobre blanco críptico, que uno no entiende muy bien, esa opacidad que deben tener todas las buenas canciones.











