Mis encuentros con Sr. Chinarro dan fe, de un tiempo a esta parte, de la expansión del sevillano. No le llegué a ver en su época caótica y etílica, de conciertos destartalados y desastrosos. Le pillé más tarde, cuando yo andaba obsesionado con aquellos títulos imposibles y aquellas letras-puzzle de literatura densa y críptica que algunos comparaban con las greguerías de Gómez de la Serna. Fue en la Sala Zero y éramos una decena. Chinarro, o Antonio Luque en el DNI, lucía ademanes sobrios, ya con pinta funcionarial, y resignado a sus acólitos minoritarios.
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Los barrios bajos de la Marvel
Ahora que la Marvel hace sus propias pelis su inacabable universo está más de moda que nunca. En estos mismos momentos legiones de ejecutivos rebuscan el próximo héroe que llevar a las pantallas, por desconocido que sea. Yo, que gusto del lado chungo y algo cafre de la vida, vuelvo a mirar con cariño un par de las cintas marvelitas menos familiares y me imagino una especie de proyecto Vengadores macarra que nunca llegará a ser.
Jason Russell tiene el factor Kony
Componen el jurado filántropos profesionales de primer nivel: Bono, Madonna y Angelina Jolie. Sale Jason Russell, todo entusiasmo, energía, excitación. “Jason, ¿por qué estás aquí?”, dice Bono con desgana sin quitarse las gafas de sol. “Quiero salvar el mundo”, responde Russell, “quiero detener a un malvado criminal que abusa de niños, quiero ser una estrella y quiero hacerlo… ¡bailando!”
La Inercia contra Bon Jovi
Los hechos: Un maldito giro del destino hace que llegue a las oficinas de La Inercia un póster de Bon Jovi. Es la portada de ‘Keep the faith’, con todo el grupo en pose chulesca y rockera. Enseguida, los ideólogos de este milagro de la comunicación se ponen a buscar una solución: tamaña afrenta no puede quedar impune. Se reúne el tribunal que decidirá el fin último de este inoportuno pedazo de papel.
Todos somos Schettino
Ahora todos se ríen de él. Le señalan con el dedo cuando camina por la calle. Y todos le gritan que es un capitán cobarde, para volver a soltar una grotesca carcajada. No se dan cuenta, todos ellos, de su contradicción. No son capaces de entender que burlándose del Capitán Schettino, los italianos se mofan de ellos mismos, de su cultura, de un modo de vida. Dicen que las sociedades tienen los políticos que se merecen. Estoy de acuerdo. Y añado un órdago: también tienen los ídolos que se merecen, por mucho que nos empeñemos en creernos mejores que ellos, mientras miramos hacia otro lado.
La Alcarria y los viajeros
Don Camilo, o CJC, o Cela: le escribo esto recién llegado de la Alcarria, ese lugar que usted tan bien se pateó y que con tanto belleza convirtió en letras. He improvisado un viaje fugaz con R., redactor de esta web desde la que me dirijo a usted, siguiendo los pasos que trazó en sus libros hace ya 75 y 25 años. Y lo hemos hecho porque, en parte, como dice Rebecca Solnit en su ‘Historia del caminar’, recorrer un camino es desvelar la historia de los que lo han recorrido antes.
¿Quién se queda a ver los Óscars?
Domingo 26 de febrero, 22:07. Hace un sueño tempranero de abuelo pero me dispongo a ver en directo, un año más, la ceremonia de los Óscars. No menosprecio el reto: aguantar solo y sin Red Bulls un ladrillo de tres horas que acabará al despuntar el día. La gala no me apetece mucho pero hay ganas de cubrirla aquí en directo, y la cita con estos premios tiene algo de tradición amable.
‘Fado porque me faltan sus ojos’
Me llega un mail con la convocatoria universitaria, un asunto intrigante, casi de coña, de parapsicología cuartomilenaria, algo así como ‘Fado & Psiquiatría. Psicopatología de la saudade’. Me deja perplejo. Es extraño pero se palpa la paramusicalidad, y más cosas, que van de la poesía a la literatura, pasando por la medicina y la psicoterapia, y hasta el teatro. La baticao de conceptos enraíza bien, ya en la sesión (auditorio bien concurrido en la Universitat Rovira i Virgili), sobre los rígidos cimientos de la ciencia.











