Hago memoria en el tren y cuento más de una década desde mi último Salón del Cómic. Estas ferias cubrieron un buen pedazo de mi (pre)adolescencia, cuando me aventuraba con Jaime y otros amigos bajo las goteras de la Estación de Francia. Ha llovido desde entonces y ahora el Salón se ha ido a la Fira de Barcelona, donde no hace falta colocar palanganas.
Archivo de ‘Crónicas’
La piña conseguida
Mis encuentros con Sr. Chinarro dan fe, de un tiempo a esta parte, de la expansión del sevillano. No le llegué a ver en su época caótica y etílica, de conciertos destartalados y desastrosos. Le pillé más tarde, cuando yo andaba obsesionado con aquellos títulos imposibles y aquellas letras-puzzle de literatura densa y críptica que algunos comparaban con las greguerías de Gómez de la Serna. Fue en la Sala Zero y éramos una decena. Chinarro, o Antonio Luque en el DNI, lucía ademanes sobrios, ya con pinta funcionarial, y resignado a sus acólitos minoritarios.
El impulso de desaparecer
“Estamos al borde de un precipicio. Miramos el abismo, sentimos malestar y vértigo. Nuestro primer impulso es retroceder ante el peligro. Inexplicablemente, nos quedamos.”
Erhu, koto, Japón, China
De repente, aparece un concierto. Lo encuentras de pasada, enclaustrado en un recuadro de la agenda de un diario cualquiera, silenciado por decenas de otros apuntes. Antes de encontrarlo no sabías nada de él, de sus intérpretes, de sus temas, pero aparece y te atrapa y te persigue durante los días que le preceden, mientras lo imaginas y lo inventas, hasta que vives una semana inmerso en esa música que aún no has escuchado. Así, la semana pasada viví entre las cuerdas de Mieko Miyazaki y Guo Gan, expertos mundiales en el koto japonés y el erhu chino.
Europa en un cuarto de hora
Esta la cosa muy mala y la cultura ya escribe su testamento mientras políticos y banqueros se reparten la herencia. Aún así, hay festivales que resisten, como el FEC Festival (Festival Europeo de Cortometrajes) de Cambrils y Reus, que lo hace a base de modestia, realismo (se han fusionado los festivales de ambas localidades y reducido el programa a seis días repartidos en dos semanas) y el apoyo de un ayuntamiento que reduce pero no liquida. Sobrevive, sobre todo, por una oferta de contenido sorprendentemente sólida.
¿Quién se queda a ver los Óscars?
Domingo 26 de febrero, 22:07. Hace un sueño tempranero de abuelo pero me dispongo a ver en directo, un año más, la ceremonia de los Óscars. No menosprecio el reto: aguantar solo y sin Red Bulls un ladrillo de tres horas que acabará al despuntar el día. La gala no me apetece mucho pero hay ganas de cubrirla aquí en directo, y la cita con estos premios tiene algo de tradición amable.
‘Fado porque me faltan sus ojos’
Me llega un mail con la convocatoria universitaria, un asunto intrigante, casi de coña, de parapsicología cuartomilenaria, algo así como ‘Fado & Psiquiatría. Psicopatología de la saudade’. Me deja perplejo. Es extraño pero se palpa la paramusicalidad, y más cosas, que van de la poesía a la literatura, pasando por la medicina y la psicoterapia, y hasta el teatro. La baticao de conceptos enraíza bien, ya en la sesión (auditorio bien concurrido en la Universitat Rovira i Virgili), sobre los rígidos cimientos de la ciencia.
Faemino, Cansado, la verborrea, el caos
V: Nos acreditamos a nombre de esta santa casa para ‘Parecido no es lo mismo’, de los inmensérrimos Faemino y Cansado, sin pensarlo demasiado. Nos estamos metiendo en jardines. Una vez con el pase conseguido les suelto la reflexión aquí a mis compadres: ¿cómo hace uno crónica de estos dos inclasificables? ¿Cómo valorar, explicar o intentar siquiera asir el caos, la verborrea y la destrucción del discurso que hacen estos dos animales del humor?











