Celia coge el vinilo de ‘Horses’ y lo planta en el tocadiscos. Arranca ‘Land’, con su cuenta atrás anunciando el ruido y la furia, y la chica se sorprende: “¿Mi madre escuchaba esto?”. Paul, escondiendo la sobria tristeza que Matthew Macfayden lleva en su adeene, sonríe: “¡Tu madre quería SER Patti Smith!”. Y se abalanzan los recuerdos, el inocente salvajismo del descubrimiento sexual adolescente, las ambiciones, los sueños, los secretos inofensivos. Y el presente, con su curtida moderación, el hastío, los sueños perdidos, los silencios hirientes, duele más que nunca. Es un escenón de ‘In my father’s den’ (‘El refugio de mi padre’), y la esencia de todo lo que Patti Smith puede llegar a decir.
Archivo de ‘Crónicas’
Alemania es Catalunya
Esta crónica llega siete años después. La rescata, en parte, Loquillo, por decir que tan Catalunya es Estopa como Raimon. O más. Así que nadie se rasgue las vestiduras si Isabel Pantoja va al Palau de la Música, Bunbury llena el Liceo y Justo Molinero pasa a la historia por reunir a 300.000 personas en la periferia del área metropolitana.
Tres por tres
Nacho Vegas, Abraham Boba y Fernando Alfaro juntos sobre un escenario es, de entrada, una buena idea. Eso mismo pensaron las chicas de MusaComunica, organizadoras del ciclo En Persona, que tuvo su sesión inaugural en la sala Luz de Gas la semana pasada. Hasta allí se desplazó una delegación de La Inercia, en una peregrinación más, dispuestos a cazar algo de buena música y a soportar las preguntas de un público impertinente. Valientes.
Peregrinajes
Cincuenta y cuatro eurazos y algún céntimo me cuesta llenar el depósito de gasolina. Bueno, el concierto es gratis. Vuelvo al coche, aún agotado tras una larga semana en el Rec (concretamente, con el seminario “Música visual“, que ha salido estupendo) y nos dirigimos a casa de Enrique. Ya juntos, ponemos rumbo a Barcelona, al minifestival Plaça Odissea. Allí nos esperan, si la lluvia lo permite, The Raveonettes: volvemos a estar de peregrinación.
El hombre que casi conoció a Ariel Rot
El detector de metales de la Cadena Ser en Barcelona pitó porque mi tejana escondía el arsenal del buen fan: un par de discos, cámara de fotos y un bolígrafo. Pero yo, igual que otros quince individuos, tenía la impunidad (y una pegatina en el pecho) del invitado como público a La Ventana. La cita exclusiva era una entrevista-concierto acústico de media hora con Ariel Rot, esos canosos 30 años de rock y 50 de vida (¡cómo habla de ellos en sus recientes canciones!) que presentan su nuevo disco.
Un ‘finde’ cualquiera
Un “finde” cualquiera, salimos a las calles y los bares de una ciudad mediana que podría ser cualquiera y nos aventuramos, sin demasiada planificación, a descubrir algún signo de vida musical. Cualquiera.
Farsa y retrete
A un directo de Mamá Ladilla se va, por respeto, con algo de distancia. Esto no es un concierto, es el teatro de la alienación de Bertholt Brecht. Dejo, pues, la chupa de cuero motera en casa (el atuendo más lógico) y me camuflo de fotógrafo que está allí por deber.
Fito, la inercia y las masas
Quería ir al concierto de Fito en Reus acreditado por La Inercia, para luego ponerme a las teclas aquí y vacilar en plan “lo véis, para esto sirve un blog”. La organización, no obstante, ignoró fríamente mis peticiones. Pues nada. Conseguimos las invitaciones por los medios de siempre y allí nos plantamos Raúl y yo, a comer altavoces de gratis. Y como Adri (o “withor”) no quiso venir, aún pudimos revender su entrada. O sea, que ayer cobré por verle las patillas al de Bilbao.











