V: Nos acreditamos a nombre de esta santa casa para ‘Parecido no es lo mismo’, de los inmensérrimos Faemino y Cansado, sin pensarlo demasiado. Nos estamos metiendo en jardines. Una vez con el pase conseguido les suelto la reflexión aquí a mis compadres: ¿cómo hace uno crónica de estos dos inclasificables? ¿Cómo valorar, explicar o intentar siquiera asir el caos, la verborrea y la destrucción del discurso que hacen estos dos animales del humor?

R: No hay que meterse en el fondo ni, por supuesto, buscarle coherencia o hilo conductor al desorden verbal. Uno podría salir malparado de tanta digresión y tanto paréntesis entre historias que se van a entremezclar, que van a girar sobre sí mismas para llegar a ningún sitio. Como siempre, la misma puesta en escena, mínima, sobria, desnuda. Suena rock y aparecen ellos dos, con esa contraposición de colores ya histórica (uno de rojo y otro de azul). Bailan joviales y aparentan acabar exhaustos. Empieza el festival de lo ‘meta’ y la demolición de cualquier espectáculo tipo: hablan de lo viejos que están, se dirigen al público y le dicen lo que van a ver. Avisan: “Si no les gusta, cállense y no lo digan, porque al final es mejor haber venido a vernos que estar por ahí delinquiendo”.

Foto: Patxi Cascante

V: Y tienen razón. Echo un vistazo al Palau de Congressos y lo veo a reventar de gente que ha preferido no delinquir y que se ríe a mandíbula batiente de no saben muy bien qué. El verdadero logro de estos dos es la exaltación de la antianécdota, del chiste sin rematar, de lo que no hace gracia. Costumbrismo apático mezclado con humor desganado o desgana hacia el humor. Hace falta una ejecución exactísima para sacar risa de ahí, y lo hacen. Cada perífrasis, cada paréntesis dentro de un paréntesis dentro de un paréntesis (son el ‘Inception’ del humor), cada referencia al espectáculo se suelta como si fuera una descarga verbal espontánea. Y sin embargo, la estructura está ahí. Hay una razón en su locura, y eso es lo que me hipnotiza a la vez que me descojona.

R: El verbo, ahí radica parte de la trama. Difícil encontrar a humoristas con un manejo tan elevado del castellano. Suenan más que cultos, literarios, porque ya me dirán por qué show de masas transitan varias veces palabras como ‘refractario’, ‘hosco’ y ‘ufano’. Por eso, el contraste cuando se suelta un taco de alto voltaje es más brutal y la risa mucho más factible. Y todo ello, en un tono informal, de conversación de bar, donde el diálogo parece improvisado aunque, en realidad, el guión ande medido hasta la última coletilla. Por momentos y, entre tanto atropellamientos de relato y tanto formato de ‘matrioskas’, puede resultar fácil perderse, hasta que media hora después enlazan con aquello que habían dicho antes y se resitúa.

Foto: Patxi Cascante

V: Mucho verbo y ejercicio lingüístico pero no olvidemos la gestualidad casi de cirujano de la risa. La base del show, dos tíos tiesos como palos en un escenario vacío, amplifica cada espasmo de pasotismo, cada ramalazo de mimo de Faemino. Éste, además, me parece esta vez más payaso tonto que nunca, más niño ilusionado, más mimo cansino. A ratos habla poco pero siempre hace mucho, como cuando se enreda en un interminable juego de las películas con su compañero. Ejemplo: se pierde en gestos, retorcimientos y pantomimas para, diez minutos y veinte conceptos encadenados después, explicar que la película en cuestión tiene dos Óscars. Luego añade un baile de manos indescifrable y Cansado resuelve: “uno es a mejor producción ejecutiva; éste era fácil”.

R: Es Cansado, más terrenal y menos abstracto, el que lleva el peso del espectáculo, el que guía, pero todo crece exponencialmente cuando Faemino, tan ingenuo como devastador, apostilla. Todo tiene en algún momento la apariencia de monólogo: comienzan a explicar una historia cotidiana, un encuentro, algo creíble que les acaba de suceder antes de llegar a la función. Pero luego se cargan las reglas del género hasta lo irreconocible. Tienen fijación por la rutina, por lo mundano, por el detalle pero luego huyen del lugar común y quebrantan lo que uno espera. En esa constante deconstrucción, edifican ellos mismos un género casi único y prácticamente indefinible: son ellos, Faemino y Cansado, que llevan décadas (en la tele o en los teatros) cultivando ese humor con bastante riesgo y muchísima libertad.

V: Que no nos falten nunca. Adri, Cano, ¿algo que añadir?

C: Son las autoreferencias a su carrera y los gags anteriormente ejecutados. Es la capacidad para centrarse en un detalle concreto de la vida más inútil del universo y alargarlo hasta límites insospechables. Un plato de arroz de marisco de Lugo, Asturias y el Delta del Ebro. Esa de los medios que se llama doña Sofía. El niño insolente que se cruza con ellos para mostrarles su auténtica naturaleza; convencional y a la vez rompedora. Uno no sabe a qué acojerse cuando Cansado lleva diez minutos soltando una media de cinco palabras por segundo, sólo puede dejar fluir la absurdidad y quedarse anonadado ante tal dominio de la lengua castellana -no me extrañaría que ocupasen un sillón de la Real Academia de la Lengua Española. El eterno retorno de los monólogos, las muecas de Faemino y sus puntillas hijoputescas. Pequeñas impresiones, que no coherencia narrrativa y redaccional, para reivindicar un espectaculo en si mismo inclasificable.

A: ¡Cállate Cano! Que el espectáculo ya se ha acabado. Y yo necesito descansar. ¿No os sucede lo mismo que a mí? No es sólo un cansancio físico, sino mental. Me duelen las mandíbulas. Ya me pasó la otra vez que los vi. ¿Os acordais? Deben ser, en realidad, los únicos artistas que hacen bueno aquello de reirse hasta acabar con las mandíbulas desencajadas. Pero no es lo peor. Estoy agotado mentalmente. No es fácil seguir su ritmo. Hay que concentrarse, estar atento hasta el mínimo detalle. Relajarse es un error con Faemino y Cansado. Es una maratón mental. Pero además, con obstáculos. Eso sí, sólo si eres capaz de no perder su ritmo, si logras ponerte a rueda y logras acompañarlos hasta el final, podrás disfrutar plenamente. Ya lo sé Cano, dicen que es humor absurdo. Por eso sólo los más ágiles de mente lo pueden entender.

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