Hablábamos de por qué a mí, como ente más o menos consciente, no me gusta el fúmbol. O lo parafutbolístico. O la “fiesta del fútbol”. Lo que sea. Mis razones tengo, y ya saben que no son las de siempre. Pero hay otras que amenazan por despertar mi interés por lo balompédico, peligros que regateo cada dos por tres para mantenerme íntegro. Doy cuenta de ellas aquí abajo; lean y díganme si no son buenos cantos de sirena.

· Su internacionalidad. Para un aspirante a viajero universal como el menda, que se traga el desfile Olímpico entero y tomando nota, el mogollón de países, capitales y ciudades de tercera que se descubren gracias al deporte es una tentación. No hay ciudad sin su fútbol club así que el atlas se hace solo.

· FC St. Pauli. El club de los punkies, los descastados, los que disfrutan de la vida en los márgenes. Un emblema contracultural que tiene como logo una calavera y como himno ‘Hells Bells’ de los AC/DC. Son antisexistas, antifascistas y antirracistas y celebran los goles con Blur. ¿Un club de anarcas, putas y maricas? Hay que tenerles cariño.

· Estos siete juegos de fútbol locoMientras el FIFA y el Pro siguen repitiendo lo mismo año tras año, con sus muñecos de cera y sus hombros gigantes, hay una larga tradición (casi perdida) de juegos que han remezclado el fúmbol con todo aquello que hace grande al medio videolúdico: colorines, locura y energía vibrante. Del inolvidable ‘Nintendo World Cup’ a los supertiros de ‘Super Mario Strikers’, pasando por juegos protagonizados por Megaman, los roboces Gundam o Godzilla, el balompié fantástico ha sido siempre una maravillosa alternativa para los que no saben distinguir un Ronaldo de otro.

Fútbol a empujones.

· El fútbol sala o microfútbol. Un deporte que se parece a su versión grande sólo en apariencia y que tiene la fuerza, la agilidad y el ritmaco del baloncesto. No me entero de nada de todos modos, pero se hace más entretenido verlo. Hasta los americanos, que veneran ladrillos como el béisbol o el fútbol americano, señalan al soccer como un coñazo; esta variante arregla el problema y nos da algo que mirar a los que queremos candela rápida.

· El balompié estimula a las masas. Cada vez que hay un partido o un campeonato importante, todos aquellos que odian el fútbol se vuelcan de repente en divulgar cuestiones de política o justicia social, como si tuvieran la sagrada misión de compensar el peñazo mediático. Esta reacción contraria, irónicamente, no existiría sin la idea de que el balompié atonta a las masas. Piénselo: el fútbol es un estimulante crítico, o al menos una causa de esos posts farisaicos que pueblan Facebook sobre lo mal que están las cosas y el hambre que pasan los pobres.

· Esta escenaca de ‘Godzilla: Final Wars’. Es, objetivamente, lo mejor que se ha hecho de fútbol en la historia, especialmente porque la pelota es Anguirus y por el paradón que se marca Goji.

Lo mejor de todo es que no es la escena más delirante de Godzilla.

· Los futboleros inteligentes. Démosle la vuelta al ad hominem futbolístico: si los seguidores cazurros son motivo para renegar del soccer, los futbofílicos de bien han de serlo para dejarse seducir. Conozco gente muy inteligente y noble que sabe del balón lo que no está escrito; en esta misma casa tienen tres.  Además, fueron jugadores antes de dedicarse a cosas mejores gente como Albert Camus (“el fútbol es poesía colectiva”, afirmaba) o Julio Iglesias, el pavo ese de los memes cansinos.

· La prensa deportiva sudamericana. El periodismo especializado de aquí es un festival de chistes malos y de arengas a las masas bastante antipático, un eterno retorno de lugares comunes y sandeces con muy poco interés. SIn embargo en el Cono Sur, me hace notar Adri, el asunto se lleva tanto al extremo que se vuelve admirable: fíjense en el diario ‘La Cuarta’, que lució en portada el titular “Alexis hizo olvidar a lío con un pepón, otro gol y un pase pa’ (sic) que Neymar no se fuera llorando”. Algunos de los mejores juntaletras de la lengua castellana han salido de Latinoamérica; algunos de sus mayores agresores, también.

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Curso de ética periodística

· ‘Força Barça’. Uno de los programas de cabecera de mi infancia. No sé qué hubiera sido de mi formación risológica sin este programaco de Alfonso Arús, del que no entendía la mitad pero nunca importaba. Por su culpa sigo utilizando el concepto “caretaza forçabarça” y mis conocimientos balompédicos empiezan y acaban con Di Steffano, Cruyff y Bakero.

· El fútbol burbuja. Porque todo lo que se parezca a Humor Amarillo cumple en factor risa y porque me parece fascinante que alguien haya llevado el chiste tan lejos como para montar ligas de esto. Parece ortopédico de narices, divertidísimo y muy dejado al azar, sin habilidad ninguna, y precisamente por eso merecería sustituir al fútbol tradicional: ¿imaginan lo entretenido que sería ver a idiotas correteando en burbujas en cada telediario?

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Alguien vio ‘Super Monkey Ball’ y dijo “esto también puedo hacerlo yo”.

· La música de los ‘FIFA’. Durante los años en que orbité, por culpa de mi entorno, cerca de esa saga (del 96 al 98), la selección musical de los ‘FIFA’ me sirvió de educación melómana y apertura de miras. Blur y Fatboy Slim todavía me provocan ganas de marcar golasos.

· El editor de personajes de los ‘FIFA’. Nunca jugué demasiados partidos en ‘FIFA 98: Rumbo al Mundial’, pero lo tuve instalado durante meses sólo para echar horas y horas creando personajes conocidos o imaginados. Los editores de personajes me volvían (y vuelven) loco. Hace poco probé en casa de un amigo la última entrega de la saga, para Xbox One, y ya pueden imaginar a qué nos dedicamos.

· Las portadas de los ‘FIFA’. Como absoluto admirador del desastre, el fracaso y la comedia involuntaria, considero los “Photoshop disasters” una de las corrientes más significativas de nuestra sociedad. Y en eso EA nunca decepciona: Ronaldinho sin codo, Messi en posturas imposibles o un señor danés con tres manos son la marca de la casa. Los fans esperan descubrir quién ocupará la portada; yo, qué atrocidad harán con su cuerpo.

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Échame una mano, primo.

· Los himnos paramusicales. Ya los hemos tratado en la radio, en nuestra sección Fenómenos Paramusicales, pero no me canso de recordarlo: el Orihuela FC birló las melodías de ‘Castlevania’ y ‘Zelda’ y el himno del Nàstic suena clavadito a la canción de ‘Els bobobobs’.

· Sócrates, filósofo. No el griego, sino Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, balompedista brasileño doctorado en Filosofía. Ya saben lo que aplaudo la poética del azar, y más cuando crea contrastes tan irónicos y de la risa como éste. Amigo Sócrates, no tengo ni idea de quién eres ni de cómo juegas, pero me hace feliz que existas. Gracias a ti, estamos un paso más cerca de hacer realidad aquel antológico sketch de los Monty Python.

· Ese mismo sketch de los Monty Python. Confucio debería ser el árbitro de todo en esta vida.

· El fútbol femenino. La única manera de evitar el festival de la salchicha de subtextos homoeróticos que es el fútbol machos. Las futboleras dedicadas me caen bien porque es un ir contracorriente muy convencido, una batalla perdida que requiere verdadera pasión y vocación. Aquí somos muy fans de los deportistas invisibles y estas muchachas nunca salen en los medios (y si lo hacen es con una condescendencia soterrada), así que bravo por ellas. Además, toda ocasión para ver perniles buenos es de agradecer. ¡Heteropatriarcado!

· El fútbol trioléctico. Una propuesta loca para renovar este deporte, inventada por el artista danés Asger Jorn en 1961, que consiste en jugar con tres porterías y tres campos. Puede ser impráctico, vale, pero échenle un ojo y díganme si ese caos no vale la pena.

· Las revistas ‘Panenka’ e ‘Íbero’. Fueron Comunicación Bien en esta casa y cada vez que las ojeo me da rabia no enterarme de nada, porque son el tipo de publicación que aplaudo.

· El sepak takraw. Una mezcla entre fútbol, voleibol y acrobacias muy popular en el sudeste asiático. Imaginen por un momento que el fútbol estándar se jugase así: ¡qué estética, qué motricidad, qué plasticidad! Es lo más cercano al fútbol ninja que jamás veremos. Fútbol Ninja. La misma posibilidad hace que me alegre de que pegarle patadas a una bola sea un acto cultural universal.

· ‘Shaolin Soccer’. Tal vez, con la posible excepción de los videojuegos de arriba, la cosa que más me ha acercado al fútbol en mi vida. Esta grandérrima comedia de acción de Stephen Chow, cineasta hongkonés más que capaz, no sólo es creativa, alegre y libre: también es cine del gordo. Pocas películas tienen tanta pasión y tanta honestidad, pocas creen tanto en lo que hacen aunque su concepto sea una chorrada. Si la idea de practicantes de kungfu perdedores jugando al fútbol como si les fuera la vida no les pone capirotes, es que están ustedes más alejados del fútbol que yo. Y no les puede gustar el fútbol menos que a mí, que me lo tienen que llenar de reglas locas, tortas, monstruos y anécdotas para que no me escame ver un balón.

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