Tres Canciones, 265. La elección de V

KURT HARLAND Y JIM HEDGES – ‘SARAFAN BATTLE’

Les acabo de explicar que la saga ‘Legacy of Kain’ está entre mis #JuegosBien más queridos. El tema principal de ‘Soul Reaver’, ‘Ozar Midrashim’, fue mi canción de la semana cuando todavía íbamos por el Tres Canciones, 22 y ya entonces les declaraba mi amor eterno por esta saga y sus ambientes musicales. Como les conté, la banda sonora corre a cuenta de Kurt Harland, voz y compositor de Information Society, una banda de synthpop cuyo nombre Harland siguió usando una vez emprendió carrera en solitario. Lo cierto es que, como demostraba entonces, nunca he sido demasiado fan de la banda ni de Harland, aunque con el tiempo me han ido ganando un poco.

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Kurt Harland, cómo no, tiene pintazas.

La banda se mueve (en presente: hubo reunión) entre el techno bailable, el industrial casi siempre ligero, un toque de pop que los acerca a los ‘Depeche Mode’ más amables (por tirar de referente conocido) y algo de funk para darle personalidad al conjunto. O al menos ése es el sonido que los definió en sus principios, se podría decir que voluntariamente tontos. El single que los lanzó a la fama (es un decir), ‘What’s On Your Mind (Pure Energy)’, es una prueba de ello. Ojito al videoclip, entre lo festivo y lo irritante.

“What’s on your mind?” Parece que colorines y poco más.

Donde realmente se puso interesante la cosa es en el disco ‘Don’t Be Afraid’, de 1997, ya con Harland en solitario. Las melodías se descomponen, las bases industriales crecen y todo toma un carácter asfixiante, angustioso, muy del fin de los tiempos que se respiraba, a veces sin darnos cuenta, en el cambio de milenio. Hay cortes estupendos como ‘Empty’ o ‘Closing In’, que se acercan más a ‘Nine Inch Nails’ o al trabajo de Tim Sköld, arreglista de lo mejor de Marilyn Manson. Esto sí es electro-gótico industrial de primera, del que yo podría haber pinchado junto a Deine Lakaien en mis aventuras como DJ de Halloween.

“Mira, mamá, soy oscuro.”

Aunque a mí estas oscuridades tan en serio me parecen un poco caricaturescas y veo la tenebrosidad adolescente como un bache a superar, he de reconocer que el disco es un abismo posesivo. Puede que sea por los violines digitales o por lo abrupto y contrastado del sonido, pero me enamora un poco. Sí, lo gótico me produce ternura; en el fondo es tan honesto y transparente como el heavy y eso, en tiempos de cinismos y prepotencias, siempre es de agradecer.

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Y aquí es cuando entra Raziel.

El caso es que en ‘Don’t Be Afraid’ se incluía el corte ‘Ozar Midrashim 1.1’ y la buena gente de Crystal Dynamics, que andaba liada con redefinir la saga en potencia que habían ganado en pleitos a Denis Dyack (‘Blood Omen: Legacy of Kain’), tuve el buen tino de convertirla en el tema principal de su secuela/reinicio, ‘Legacy of Kain: Soul Reaver’. Y menudo acierto. Encaja tan bien que cuesta creer que no fuera creado con ese fin.

‘Ozar Midrashim’, remezclado para ‘Soul Reaver 2’ como ‘Ariel’s Lament’.

Además de pagarle los derechos, los de Amy Hennig fueron sensatos y contrataron a Harland como guardián musical de Nosgoth. Suyos son los scores de ‘Soul Reaver’ y ‘Soul Reaver 2’, con la ayuda de Jim Hedges, quien se haría cargo ya en solitario del resto de saga, ‘Bood Omen 2‘ y ‘Legacy of Kain: Defiance’. Ambos se curraron una música dinámica que adaptaba sus ritmos, intensidades y líneas de instrumentos al lugar y a la acción, respondiendo con soltura a las acciones del jugador a la manera del iMUSE de LucasArts y mucho antes que la exitosa música de ‘Red Dead Redemption’. Y aunque el trabajo de Hedges en solitario suena un poco más automático y menos arriesgado, entre ambos se aseguraron de que la saga tuviera unidad de estilo y una personalidad musical definida, icónica, inmersiva y atmosférica, de las que definen una obra y un mundo.

Compruébenlo con el score completo del primer ‘Soul Reaver’.

No está mal para una asociación que empieza casi por accidente. En las melodías de Nosgoth se reconoce gran parte del ADN de Information Society, con mucho sintetizador y mucho golpe metálico, pero el sonido se depura y se convierte en atmósferas, emociones y lugares, sin dejar apenas rastro de la concepción de canción que tiene toda banda pop/rock. La música de ‘Soul Reaver’ dibuja un entramado gótico, antinatural, decadente, pesado, que sabe acercarse lo suficiente a la fantasía como para no convertirse en una reliquia del cambio de siglo. Es, además, sorprendentemente emocional, evocadora, tensa e hipnótica, dándonos un ancla con la que atarnos a un relato tan sobrecargado que a veces se nos podría ir de las manos. Como prueba ahí queda el ‘Sarafan Battle’ que les recomendaba al principio, una épica triste e intensa que suena a lugares lejanos y terribles.

@VtheWanderer