Se presenta como “escritor mercenario vendido al mejor postor, teleco, cuentacuentos, sadomasoquista y co-creador de la Asociación Cultural El Nido del EscorpiónHemos podido leerle en BLife y JotDown y disfrutar con su visión sensata, divertida y profunda del sexo. Nos dice nuestro contacto (la amiga Beatriz G. Guirado) que no encontraremos mejor anfitrión para conocer el mundo del BDSM, las cuerdas y las sexualidades alternativas, y en cuanto disparamos la primera pregunta comprobamos que tenía razón. La Inercia se adentra en el Nido de Josep Lapidario.

Arranquemos con algunas definiciones: BDSM.  

Conjunto de técnicas eróticas y actividades placenteras relacionadas con el intercambio consensuado de poder. El acrónimo significa: B (bondage, uso de ataduras) + D/s (dominación y sumisión) + S/M (sadomasoquismo, uso de dolor erótico). El blogger Mosca Cojonera añadió la k de kink (BDSMk) para prácticas más abiertamente sexuales, desde un fisting a una orgía. No a todo bedesemero le gusta todo: hay quien odia el dolor y no se acerca al S/M, hay quien sólo quiere cuerdas y no se mueve de la B.

Fetichismo. 

Sexualización de una estética, una pieza de ropa, un objeto o partes del cuerpo no asociadas tradicionalmente con el coito.

Shibari.

El arte japonés de la atadura erótica, que proporciona placer sensual y estético mediante el uso inteligente de cuerdas que inmovilizan, presionan y abrazan. Tuvo su origen en un arte marcial llamado hojojutsu, que fue transformado de brutal en erótico durante el pasado siglo. En realidad la palabra shibari significa literalmente “atadura”, y se suele usar otra más específica aunque no del todo equivalente: kinbaku, “atadura tensa”. En cualquier caso, suele ser un cruce entre polvo, tango y combate de artes marciales.

Niponofilia. 

Afición probablemente desmesurada pero sin embargo absorbente y placentera por la cultura japonesa, especialmente por sus vicios, perversiones, rarezas y cortocircuitos mentales. Ahora que China está en auge y Japón corre el riesgo de entrar en decadencia, ser niponófilo probablemente acabe siendo penado con la reeducación en algún campo de trabajo post-maoísta.

Body sushi. 

No es una práctica milenaria ni una costumbre extendida en Japón, sandeces que suelen leerse por ahí, sino una experiencia gastronómica y estética muy placentera que utiliza la mejor bandeja imaginable: el cuerpo humano desnudo o con zonas protegidas mediante hojas de banano. También se llama nyotaimori (sobre cuerpo femenino) o nantaimori (si la bandeja es un hombre), y quien lo considere degradante no se ha enterado de la película.

Taller de shibari en el Nido

¿Hablamos con la suficiente claridad y normalidad de sexo?

Más a menudo de lo que parece, incluso a través de la niebla retro que no acaba de despejarse: ahora mismo existe suficiente información para cualquiera interesado en ir más allá de la postura del misionero. En los años en que se debatía la conveniencia de la educación sexual, se habló mucho de aspectos físicos (embarazos, ETS, qué se inserta dónde y cómo), lo que está muy bien, pero es sólo parte de lo que un adulto debería saber sobre sexo. Y no hablo sólo de sexualidades alternativas y fetichismos, sino por ejemplo de la parte psicológica: cómo lidiar con las emociones que provoca todo contacto sexual, los celos, las relaciones abiertas, la falta de deseo o su exceso… Tenemos mucho que aprender aún ahí.

¿Por qué escribir (y leer) sobre sexo?

¿Y por qué no? La sexualidad evoluciona constantemente, adaptándose a nuevas costumbres y organizaciones sociales. Cada generación escribe sus propias reglas sexuales sobre la misma materia prima, ese confuso revoltijo de hormonas, estímulos e impulsos que forman el deseo sexual. Además, en el campo de las sexualidades alternativas queda mucho por hacer, no tanto en su estudio académico (Michel Foucault, Pat Califia…) como en su acercamiento al gran público. En Internet se pueden encontrar auténticas maravillas, pero a menudo demasiado escondidas. Por ejemplo: los mejores textos sobre shibari (bondage japonés) se encuentran esparcidos en Fetlife, una red gratuita pero que exige registro… Y el material disponible en castellano es casi inexistente.

¿Por qué es sexy leer (aunque no sea sobre sexo)?

Mira cualquier foto de Marilyn leyendo. A su belleza natural se le añade el encanto de la concentración en la lectura: la lectora se vuelve inaccesible y alejada del espectador pero al mismo tiempo carnalmente presente. No está abstraída mirando embobada el techo sino un libro, símbolo de la sabiduría acumulada y la inteligencia transmitida. No hay nada más sexy que la inteligencia, y en una buena foto #readingissexy se puede sentir la electricidad, la chispa invisible que circula entre libro y lector… Excepto si está leyendo a Pío Moa. Se podría objetar que Marilyn resulta sexy haciendo cualquier cosa, claro. Pero basta con fijarse en fotos de otras personas (hombres o mujeres) para comprobar que la abstracción de la lectura añade belleza a cualquier rostro, no sólo a los que ya eran agraciados de por sí.

¿Qué ha de tener un buen texto erótico? ¿Y qué ha de evitar?

Me siento más cómodo redactando ensayos y artículos que narrativa de la que se lee con una sola mano. Hace poco participé en un concurso de  cuentos eróticos y escribí un relato de amor zombi lleno de disparos de escopeta, así que probablemente no sea la persona más adecuada para dar consejos… Alan Moore, mi ídolo, sostiene que para escribir literatura erótica hay que encontrar un aristotélico punto medio en la posición de la sangre en el cuerpo. Si el texto es demasiado intelectual, la sangre sube al cerebro y no se mantiene la excitación; si es demasiado tórrido, la sangre baja a los genitales y el texto se vuelve confuso. Ese equilibrio es el santo grial de la literatura erótica, y desgraciadamente casi todo el mundo se pasa por arriba o por abajo.

Lapidario en un biergarten alemán, disfrutando de otros placeres

Entonces, ¿acercarse al sexo de manera intelectual es útil o lo devalúa? ¿Es un escudo?

Hay que acercarse al sexo como a un cubo de Rubik, manoseándolo desde todos los ángulos: artístico, intelectual, emocional, físico, perverso. Volvemos a Alan Moore: intelectualizar demasiado el sexo no permite que baje sangre a los genitales, pero quedarse sólo con la parte física en busca de una supuesta pureza animal es empobrecedor. Cuando hablo de BDSM, me encuentro a menudo con la respuesta rompebragas: “uf, todo esto de las ataduras o los azotes es demasiado complicado, el sexo es mucho más simple”. No me jodas: puede ser tan simple como sacar y meter la polla o tan complejo como una catedral gótica físico-emocional.

¿Y la relación entre pornografía y arte?

A Helmut Newton nunca le importó una mierda si sus obras podían ser consideradas arte o no (“en mi diccionario, la palabra cultura es una palabrota”), y eso no le impidió convertirse en un artista de talento indiscutible y el espíritu erótico del siglo XX. O Robert Mapplethorpe, que llenó sus fotografías de imaginería gay S&M, lluvias doradas y testículos machacados, no para normalizar el sadomasoquismo o elevar su consideración social, sino para subrayar la belleza artística del erotismo del dolor y la autoafirmación del intercambio de poder consensuado.

¿Qué diferencia realmente lo erótico de lo pornográfico?

Tradicionalmente se ha pensado que el grado de explicitud de la imagen, pero el coño de El origen del mundo de Courbet cambió las reglas del juego. Mucha gente usó después el criterio de la cutrez, dando por hecho que el erotismo es refinado y artístico y la pornografía de baja calidad per sé… ¿Dónde quedan entonces productoras recién nacidas como Omnia-X, especializada en pornografía alternativa de calidad? ¿O las incursiones en el fetichismo de los californianos de Kink.com? Hay mucha pornografía de baja calidad y hay mucho bestseller pésimamente escrito: eso dice algo sobre la sociedad en que vivimos, no sobre la pornografía o la literatura. Que cada cual etiquete sus creaciones bajo el epígrafe con que se sienta cómodo.

El sexo suele ir asociado al escándalo, a la provocación. ¿Ha de ser así? ¿Es positivo o negativo?

No me interesa la sensualidad del tabú y lo oculto: que algo esté prohibido o mal visto no me excita por sí mismo. Transgredir los límites propios es el mayor reto imaginable, pero transgredir los límites sociales es aburrido a no ser que esa transgresión vaya ligada a reivindicaciones políticas. La provocación sexual sin más  tiene sentido para un crío que ve por primera vez un coño, se ríe y nota un calorcillo en la entrepierna, pero se convierte rápidamente en un callejón sin salida en una sociedad abierta en cuestiones sexuales. “Epatar al burgués” puede ser divertido pero no tiene mayor interés… Por eso me aburren los escándalos sexuales. ¿Qué importarán el pezón de Janet Jackson, el ensayado beso lésbico de Madonna y Britney Spears, la paja de Olvido Hormigos o las orgías de Max Mosley? Sirven más como radiografía de un puritanismo histérico que como historia interesante por sí misma.

Una fiesta en el Nido

Háblanos de El Nido del Escorpión.

Nos dedicamos a muchas cosas. El Nido del Escorpión lo fundamos hace más de tres años mi amiga Françoise y yo, como un espacio que pudiera albergar las actividades que nos bailaban por la cabeza. En Barcelona ya hay locales exclusivamente BDSM muy reconocidos y que visitamos a menudo, como el Rosas 5 o el Fetish Café, pero nuestro acercamiento fue diferente. No queríamos abrir una mazmorra, sino un espacio libre en el que pudieran organizarse desde cenas de body sushi hasta talleres de shibari, fiestas temáticas (pases del Rocky Horror Picture Show, fiestas toga…) o encuentros culturales como el club del libro. En la variedad está el gusto, y nuestros intereses no empiezan y acaban en el sadomasoquismo. Así pues, el Nido no es un espacio BDSM sino BDSM-friendly, no es swinger sino swinger-friendly… Es decir, que incluso en eventos no abiertamente BDSM no resulta extraño que una pareja saque un látigo o se ponga a jugar con cuerdas sin que el resto de asistentes les miren raro.

Os conocimos a través de un (excelente) reportaje en Penthouse. ¿Ha de tener difusión el BDSM en medios generalistas?

Sobre este tema tengo fuertes diferencias de opinión (siempre respetuosas) con gente de la comunidad BDSM. Hay quien piensa que las barreras de entrada son necesarias y que es mejor restringir la información a círculos especializados, que no son al fin y al cabo tan difíciles de encontrar con un esfuerzo googlero. Otros creen que toda difusión que dé a conocer el sadomasoquismo es deseable, aunque sea en medios generalistas, ya que cerrarse a ellos no hace más que perpetuar confusiones y topicazos. Y es que si la comunidad bedesemera se cierra, ¿qué hacen los periodistas vagos cuando necesitan información sobre el sadomaso? Miran sólo las páginas fácilmente encontrables de Dóminas profesionales (totalmente respetables pero que ofrecen una versión forzosamente parcial del mundillo) o directamente se inventan lo que les parece.

Y en el Nido, ¿qué pensáis?

Françoise es partidaria de la primera postura en contra de todo tipo de entrevista y contacto con periodistas, mientras que yo abogo por la segunda. Así que hemos llegado a un equilibrio: concedemos entrevistas de vez en cuando a personas que nos recomiendan y salimos en artículos, a veces con muy buen resultado (como en el caso de Penthouse) y a veces peor (como en el dominical de El Mundo)… Pero no hacemos pública la dirección del local y establecemos filtros de acceso para pertenecer a la asociación, preferiblemente venir apadrinado por algún socio.

¿Por qué “asociación cultural”?

Básicamente porque lo somos: estamos legalmente dados de alta como asociación cultural y llevamos un control de los socios, que van debidamente identificados con un carnet. Sólo ellos tienen acceso al local y a las actividades que organizamos, sean más culturales (presentaciones de libros, premios de poesía) o más fiesteras y BDSM-friendly.

Por ejemplo, organizáis un club del libro periódicamente. ¿Qué lecturas escogéis? 

Cada participante elige los suyos. El funcionamiento del club es diferente al habitual: para participar hay que traer de uno a cuatro libros, con el único requisito de que sean interesantes, no lo primero que se pille en la estantería. Por turno, cada participante comenta los libros que aporta y qué le han parecido los que se llevó en la edición anterior… Y cuando todo el mundo ha acabado, empieza la pelea a muerte por ver quién se lleva los libros que más han llamado la atención. Me encargo de apuntar en un Excel online dónde va a parar cada libro, para asegurarme de que vuelva: esto es imprescindible para que la gente se anime a compartir libros por los que tiene cariño. Mucha gente cree que los libros tienen que ser fetichistas, y no es así en absoluto: tenemos en danza casi cuatrocientos libros entre ensayos, novelas, cuentos y cómics.

El club del libro

La sede del Nido está en un sótano: un espacio muy apropiado. ¿Qué importancia tiene el escenario en la sexualidad?

El escenario tiene mucha importancia en la sexualidad. El entorno es una parte importantísima de las fantasías sexuales: no es lo mismo follar de pie en un callejón sucio y oscuro, apoyado contra un contenedor, que atar a una chica a los postes de la cama con cuerdas de seda en la suite presidencial del Ritz. Ambas escenas me ponen, por cierto. Otro ejemplo: soy fan fatal de los lugares abandonados, decadentes y herrumbrosos, la estética que un amigo llamó “hot pussy hierritos oxidados”. Las fotos eróticas tomadas allí tienen una fuerza especial, quizá por el juego de contrastes entre la dureza del entorno y la suavidad de la modelo, un choque de trenes visual similar al que vuelve sensuales a las #chickswithguns.

Parece que Internet ha contribuido a que surjan a la superficie prácticas y sexualidad escondidas. ¿Es vuestro caso?

Ha ayudado a toda persona con interés por las sexualidades alternativas, desde el mundo LGBT hasta los sadomasoquistas. Internet tiene un papel mucho más importante que el de dar visibilidad a estas prácticas: facilita poner en contacto personas con gustos sexuales afines.  Esto lo cambia todo. Un porcentaje elevado de la población tiene interés por los juegos sexuales (aunque sea solamente vendar los ojos o jugar con esposas de juguete), pero se calcula que sólo un 10-15% desarrolla un interés serio por el sadomasoquismo. Antes de Internet, encontrar alguien con quien compartir estos placeres era complicadísimo: había que recurrir a revistas, a locales escasos y exclusivos  o a profesionales. Existían pues muchas personas casadas con una “doble vida” que debían mantener en secreto, o perpetuamente insatisfechas al no poder expresar una parte importante de su sexualidad. Internet tiene una parte negativa (gente que se aísla en interminables relaciones ciber), pero la compensa con creces la existencia de páginas como SométemeAlt o Fetlife: redes sociales que albergan comunidades BDSM en las que compartir recursos, información, consejos y, sobre todo, gente.

¿Qué pasa con el erotismo en Japón? ¿Por qué tanto tentáculo y tanta práctica que aquí nos resulta chocante?

Jajaja, mis amados tentáculos… Hay muchas teorías sobre el porqué de la excentricidad sexual nipona percibida por los ojos occidentales. Una de mis favoritas es que en su vida cotidiana el japonés medio (el ejemplo clásico es el oficinista o sarariman) está sometido a miles de reglas que dictan su comportamiento externo, la imagen que debe dar, la diferencia entre tatemae o cara pública y honne o privada. Esta olla a presión social tiene que encontrar forzosamente válvulas de escape, sea en el alcohol, los karaokes… o el sexo.

Body sushi (foto de Albert Jodar)

Y sin embargo, se ven obligados a censurar los genitales. ¿Por qué?

Es un ejemplo del tipo de cortocircuitos mentales que me fascinan de la mentalidad japonesa. Ni en la tradición sintoísta ni en la budista se ve el sexo como pecaminoso, como sí ocurre en parte de la judeocristiana. Es algo natural a lo que ni siquiera se da demasiada importancia más allá de los ritos de fertilidad. Y sin embargo, existen una enorme vergüenza y timidez asociadas a mostrar el cuerpo desnudo, especialmente en las mujeres (por eso resulta tan efectivo el shibari que expone la desnudez sin que la modelo “pueda evitarlo”, dándole una excusa para romper sus tabúes). Esta dualidad lleva a la aparición de la censura genital, que se convierte, a su vez, en combustible para las bizarradas (si no puedo mostrar penes, tendré que enseñar tentáculos o erotizar con perversiones).

Si uno se pone a ver videoclips de pop comercial (Rihanna, Gaga y otras muchas), diría que el BDSM y el fetichismo están más extendidos de lo que nos damos cuenta… ¿Qué te parece esta tendencia?

Me divierte mucho, la verdad. No sigo el mundillo popero, así que me quedé flipando al enterarme de que aparecen ballerina boots (zapatos de tacón imposiblemente alto nacidos en el mundo fetichista) en videoclips de Beyoncé, Pink o Christina Aguilera. Y me reí mucho con el vídeo de Rihanna en que aparece imaginería sadomaso semi-plagiada de LaChapelle. No va más allá del impacto estético inmediato, pero votaré siempre a favor de cualquier moda que aumente las probabilidades de ver mujeres con taconazos por la calle.

¿Qué músicas te parecen más sexuales?

Tengo debilidad por los crooners de voz profunda como Tom Waits, Nick Cave o Leonard Cohen… O las cantantes de apariencia y/o voz angelical al estilo de Tori Amos o PJ Harvey antes de que se pusiera demasiado ñoña. Y luego, claro, suele funcionar para estas cosas la electrónica downtempo de Röyskopp, Thievery Corporation, Air…

¿Cuál es el uso de sexualidades alternativas en la cultura popular que más te ha llamado la atención?

Te parecerá una chorrada, pero me reí mucho con la aparición de una fiesta swinger en La que se avecina. En esa serie ha habido momentazos hilarantes de vicio y perversión, como el absurdo papel de Nines como Dómina o los disfraces de Antonio Recio y su mujer “haciendo el Guardia Civil”. A mí no me molesta que se rían de mi subcultura (por llamarlo de algún modo), siempre que sea de modo inteligente. Y La que se avecina, aunque parezca chabacana a primera vista, es ahora mismo el mejor retrato que hay de España en televisión. Mucho más certero que Cuéntame.

Lapidario en la fiesta Lupercalia, en el Nido

Ahora parece que el BDSM da el salto a la cultura popular con un best seller, la trilogía ’50 shades of Grey’. ¿Lo has leído? ¿Qué te parece?

No lo he leído aún, y confieso que me da un poco de pereza. He oído hablar mucho de la trilogía a gente cuyas opiniones aprecio, y sobre todo para mal… Pero ya escribiré alguna reseña cuando pueda juzgar por mí mismo. Eso sí: puede que (por lo que me han dicho) el libro sea un refrito cursilón más cercano a Crepúsculo y Dannielle Steel que a La sonrisa vertical y Berlanga… Pero hojeándolo el otro día me topé con un contrato de sumisión y una escena con fustazos en el clítoris (narrada de forma poco creíble pero eh, ¡hablamos de fustazos en el clítoris!). Pervertir a millones de personas que en su vida habían imaginado que les pondría el sadomaso es impagable. Y quien después de la lectura se quede con ganas de más ya llegará a la información veraz sobre BDSM y a los textos más realistas sobre el asunto.

Otra vez está el asunto del contacto entre BDSM y público general.

Discrepo con la gente que critica 50 sombras no por ser más o menos cutre sino por acercar el BDSM al gran público. El sexo elitista me pone de los nervios: adoro el shibari por su sensualidad intrínseca, no porque sea una actividad erótica infrecuente y poco conocida. No dejaría de apasionarme atar si de repente un inesperado boom post-50 sombras convirtiera el bondage en deporte olímpico… Hay quien cree que la naturalización de una conducta sexual alternativa como el BDSM implica una pérdida de calidad y una vulgarización. Es una visión miope, porque la vulgarización ya existe: cada vez que en un programa nocturno de la tele sacan entre risas un falso sumiso encuerado o una dómina de baratillo, cada vez que en una serie como Bones se presenta a los fetichistas como lisiados emocionales, cada vez que un imbécil confunde en prensa el maltrato con el sadomasoquismo… Bienvenidas sean las 50 sombras si son al menos juguetonas y no confunden los conceptos básicos.

Otra instantánea del Nido en acción

Escribes para Jot Down. ¿Cómo surgió la colaboración?

Como suelen surgir estas cosas: a través de un trasiego de mails con la cúpula de la revista. Ya llevaba un tiempo publicando cosillas por otros rincones de Internet, así que ya sabían más o menos sobre qué suelo escribir y cómo.

¿Qué aporta este magazine al panorama cultural español? 

Jot Down es una apuesta muy particular nacida completamente al margen del panorama editorial español, y como tal aporta frescura y un estilo propio muy marcado. Me encanta ver cómo les salen bien apuestas que muchos gurús de Internet desaconsejaban: artículos largos sin saltos de página y con pocas fotos pero muy bien colocadas, entrevistas inacabables, estética retro en blanco y negro… Parece que sí había un público para este tipo de formato.

 ¿Qué persigues con tus colaboraciones?

Mis centros de interés son la literatura y el erotismo, así que muchos de mis artículos tratan de explorar estos dos campos, aunque a veces me descuelgue con Juego de tronos o conspiranoias. Lo que adoro de Jot Down es la libertad que dan a los colaboradores, tanto en temática (es maravilloso poder hablar de shibari o de sexo tentacular en un medio generalista) como en extensión: mi primer artículo para ellos  fue una reseña de 500 palabras de la novela erótica Diosa, mientras que el artículo sobre el striptease del primer número impreso sobrepasa las 9000.

Hablando de ‘Juego de Tronos’, la empecé a seguir y no puedo con ella… ¿cómo me convencerías para que le diera otra oportunidad?

Entre los lectores de los libros la serie suele gustar más que entre los que llegaron “vírgenes” ante la pantalla. Mi consejo sería, pues, que leyeras al menos el primer libro, que te dará una visión mucho más amplia de un mundo fascinante forzosamente simplificado en diez míseros capítulos por temporada. Lo que me fascina de Canción de hielo y fuego es que Martin está siguiendo a rajatabla el consejo de Tolkien de crear un mundo verosímil con trasfondo histórico, religioso, cultural, ecológico… Permite que el lector se sienta pionero, explorando un mundo similar al nuestro pero lo suficientemente extraño (esas estaciones de duración variable, esa fantasmal Valyria) como para intrigar y fascinar. Si después de esa lectura no se te ha despertado el gusanillo, déjalo y pasa a otra cosa, que hay mucho por leer y poco tiempo para hacerlo.

Lapidario en el trono de Westeros

Te has definido como “escritor mercenario vendido al mejor postor”. ¿Se puede vivir de la escritura en este país?

Ojalá, aunque no creo… Como decía Darío Adanti en una entrevista para Jot Down: “Estamos tan mal pagados los autónomos en prensa en estos momentos que ganar mil euros haciendo lo que quieres es haber triunfado”. Siempre queda la salida de la provocación y convertirse en un Salvador Sostres de la vida, impostar actitudes salvajes y soltar exabruptos para escandalizar y hacer ganar visitas al medio que te aloja… Pero no es un camino que me atraiga. En fin. La cosa seguirá así tres o cuatro años, porque aún queda margen para tocar fondo, y la única esperanza es que en ese tiempo vayan surgiendo nuevos proyectos editoriales, que espero se parezcan más a Jot Down que al Huffington Post... Llegará una nueva edad de oro para los escritores mercenarios: solo espero que no me pille con ochenta años.

¿Qué otras publicaciones sobre sexo y/o cultura sigues?

Sigo con interés a Violet Blue, una blogger neoyorkina especializada en tecnología y sexo.  También me encanta el blog de Mosca Cojonera, que se ha ido convirtiendo en una especie de casa común del vicio en España, un punto de unión de swingers, bedesemeros y “golfxs con principios”, por usar una de sus expresiones más afortunadas. Entre mis páginas favoritas de cultura y/o actualidad están Libro de Notas y Cuarto Poder, además de muchos blogs de crítica literaria, grandes o pequeños (de La Pluma Rota a Libros y literatura). Blogs de cine de culto como el Proyecto Naschy de Serendipia… Y por supuesto, el Rolling Stone y el New Yorker, que es lo que todos queremos ser de mayores. Me encantan el tono de Unfollow y Norma Jean Magazine, y también siento una gran afinidad por La Página Definitiva, donde gente como Guillermo López o Andrés Boix comentan la actualidad política española y en particular la valenciana con una puntería y un sentido del humor impagables.

Por último, ¿puedes recomendarnos tres canciones que te gusten? Eróticas o no.

Adoro a Nick Cave and the Bad Seeds, así que cualquier canción suya serviría. Puestos a elegir una, me encanta Are you the one that I’ve been waiting for?, la única medianamente optimista y alegre del melancólico álbum The boatman’s call. Encuentro increíblemente sensual la canción Silence is sexy, de Einstürzende Neubauten, aunque también podría servir Sabrina, del mismo álbum. Ambas forman parte de la banda sonora del Nido desde que las utilizamos durante la performance de una fiesta llamada Wax Lovers Party. El disco de Silence is sexy es el favorito para sesiones de shibari y en particular suspensiones, porque lo tiene todo: ritmos variados, pausas dramáticas, melodías interrumpidas por ruidismo desenfrenado… Es perfecto. Y me dejaré en el tintero a Gainsbourg, Waits, la Madonna ochentera o canciones graciosísimas del Chivi o Pablo Carbonell… Pero escojo como tercera canción The Passenger, de Iggy Pop. Cuando estoy deprimido o bajo de fuerzas me la pongo and I ride, and I ride, and I ride

V the Wanderer

¿Desea saber más?

– Visite la web de El nido del escorpión.

– Vaya a su web personal, Hay que joderse.

– Léale en JotDown.

– Eche un vistazo a su sección de sexo en el magazine BLife.

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