Mientras usted, inquieto joven, se dejaba las pesetas de su adolescencia en cedés de GreenDay o No Doubt, yo me dedicaba a rebuscar en las tiendas de música el score de tal o cual película. Mi ansia cinéfaga se cebaba reproduciendo dentro de mi cabeza, en sufrido loop, los temas de mis cintas favoritas. Y la única forma de solucionarlo, dictaba la lógica, era volver a escucharlos en mi flamante radiocedé portátil.

La enfermedad venía de lejos: tras ver ‘Jurassic Park’, por ejemplo, me dediqué a conservar los temas principales en mi recuerdo para después silbarlos a una grabadora de cassettes. Era la única forma de atesorar aquellas melodías hasta que pudiese volver a ver la película: Spotify no servía de mucho cuando no había internet.

Más tarde abandoné tan creativos hábitos para pasar a la simple compra de compactos, que además analizaba con ansia fetichista. Ah, los libretos, los títulos, las portadazas. Tesoros, formas de visitar aquellos universos casi más intensas que la misma película.

Hoy, paseando la vista por mi (breve, según se mire) colección de discos originales, he redescubierto algunas de aquellas bandas sonoras. Si les parece, les pegamos un repaso juntos. Aviso: algunas son una mierda.

· ‘The Rock’, compuesta por Hans Zimmer, Nick Glennie-Smith y Harry Gregson-Williams. El score de estos señores para la normalita cinta de Michael Bay fue algo epopéyico, grandioso, nunca antes oído. Me obsesionó y no paré hasta gastarme tres mil pesetazas en este resumen en ocho cortes. Sigue sonando bien, y no es difícil reconocerlo como los cimientos del score de acción moderno. Gregson-Williams se sustentó en él para su maravilloso trabajo en la saga ‘Metal Gear Solid‘ y Zimmer hizo lo propio con ‘Pirates of the Caribbean‘.

· ‘Romeo+Julieta’, no un score sino un recopilatorio de temas con la excusa del film. No lo compré: lo obtuvo Jose de una cita a ciegas olvidable, y me lo acabé quedando para salvarlo de la basura. Tiene cierta coherencia como conjunto, con un toque modernillo y discotequero, amén de un cameo de Radiohead con ‘Talk Show Host‘.

· ‘George of the Jungle’. Recuerden, comprada hace trece años. Embarazoso compacto que adquirí, sin embargo, por dos piezas que aún me alegran el día: ‘Wipe Out‘ de ‘The Surfaris’ y una versión de ‘My Way’ cantada por, alucinen, John Cleese (interpretando a un puto gorila).

· ‘There’s Something About Mary’, que probaba que al menos los Farrelly tenían buen criterio musical. Jonathan Richman, The Dandy Warhols, Joe Jackson o Propellerheads dan forma a una buena selección, en la que destacó ‘Build Me Up Butercup’ de The Foundations; aunque la que a mí me gustaba, con diferencia, era ‘Mary’s Prayer‘ de Danny Wilson.

· ‘The Tarantino Connection’, un cedé para hacerte sentir malote con las consabidas ‘Misirlou‘, ‘Dark night‘ o ‘Little Green Bag‘. Cada pocos cortes se incluía un fragmento de una entrevista con el verborreico director, dándole al compacto un aire de adoración chungo. Como curiosidad, a mitad de lista estaba Leonard Coen con su ‘Waiting for a miracle’ y sus ocho minutazos, rompiendo el ritmo y sirviéndome de canción para dormir.

· ‘The Legend of Zelda: Ocarina of Time – Hyrule Symphony‘, disco japonés que me agencié en un Salón del Cómic y que resultó ser pelín decepcionante: en lugar de una reinterpretación de la excelente banda sonora del juego a plena orquesta, se limitaba a un cuarteto de cuerdas. Insuficiente para la amplitud de muchas composiciones aunque incluía unas partituras en el libreto con los temas del juego para compensar. Pensé que me serviría de excusa para aprender a tocar la ocarina, pero ya ven.

· ‘Dark City‘, brillante y menospreciado trabajo de Trevor Jones. Incluye los dos temas interpretados por Jennifer Connelly en el film (inolvidable ‘Sway‘) y cuatro canciones “inspiradas” por la película. Vamos, relleno. Lo bueno es que tras eso siguen ocho cortes del score ininterrumpidos, tan atmosféricos, melancólicos y evocadores que valían de por sí el elevado precio. Lo compré en Salou, en verano, rodeado de guiris.

· ‘Música de cine’, cedé de regalo de Caixa Tarragona, con una tipiquísima y predecibilísima selección de obras clásicas aparecidas en celuloide. Ya saben: ‘El danubio azul’ en ‘2001’, ‘Claro de luna’ en ‘Misery’, el réquiem de Mozart en ‘Amadeus’… No está mal, y las grabaciones elegidas son de bastante calidad (todas de orquestas alemanas o eslovacas, a saber por qué).

· ‘100 éxitos de cine’, cuádruple cedé con una especie de Marylin anormalmente rosada en la portada, tapando su desnudo con un rollo de celuloide. La selección es errática: ‘Casablanca’, ‘Máximo riesgo’, ‘En busca del arca perdida’, Regreso al futuro’, ‘Parque Jurásico’, ‘Rocky II’, ‘Batman’, ‘Ghostbusters’, ‘Días de trueno’, ‘Terminator 2’, ‘La bella y la bestia’, ‘Rambo’, ‘Ghost’, ‘The Doors’… Aunque en su momento me parecía una joya, la mayoría de las versiones dejan bastante que desear. Como curiosidad, afirma estar orquestado por Henry Salomon y su orquesta. Bien.

Se le veían los pezones.

· ‘Blade Runner’, el perfecto score de Vangelis, hito del cine. ¿Qué podía ir mal? Por desgracia, se trata de una “adaptación orquestal” hecha por la ‘New American Orchestra’ que pierde bastante personalidad. Aún así, interminable fuente de alegrías.

· ‘Rurouni Kenshin: Seisouhen‘, score de un anime (los OVAs, no la serie) imprescindible. Adaptación seria, trágica e histórica hasta el exceso de uno de los mejores arcos argumentales del manga homónimo. Es obra de Taro Iwashiro, compositor japonés que brilló recientemente con ‘Chi Bi’ (‘Acantilado rojo’), de John Woo. Otro cedé que compré en un Salón del Cómic y uno de mis mayores tesoros. Riquísimo en texturas, de bellísimas armonías y melodías épicas e íntimas. Peca de algo repetitivo, pero es parte de su construcción basada en repetición y variación de leitmotifs y frases musicales. El tema principal, ‘In Memories KO-TO-WA-RI’, me conmueve cada vez que lo escucho.