A un directo de Mamá Ladilla se va, por respeto, con algo de distancia. Esto no es un concierto, es el teatro de la alienación de Bertholt Brecht. Dejo, pues, la chupa de cuero motera en casa (el atuendo más lógico) y me camuflo de fotógrafo que está allí por deber.
Cuando suban a mi coche no volverán a los ochenta
Hace un año, tres meses, cuatro días, seis horas, doce minutos y seis segundos noté que la cabeza iba a explotarme. Y eso, en mitad de un trayecto automovilístico puede resultar mortal. En ese preciso instante y después de años apegado a las melodías ochenteras ofrecidas por el grupo Prisa, decidí evolucionar en mis costumbres musicales, cambiando de dial.
Tres canciones, asalto dos
Consolidamos la sección de los viernes publicando una segunda edición. Bravo. No celebren el récord aún; vean primero qué les hemos recomendado.
Ladridos en Albacete
Explanada mesetaria. Cinco de la tarde. Polvo, desierto y carreteras secundarias. Nivel de humedad: como el de una áspera gamuza seca al sol. Un Renault 19 carnaza de desguace está en la reserva y se detiene a repostar en una de esas gasolineras destartaladas, emplazadas en la nada. Ni una montaña en el horizonte. La Mancha parece el mar de la tranquilidad. Fernando Alfaro, con barba de cuatro días, deja su libreta en la garita, abandona de momento ese verso que se le resiste y se dirige a echar combustible al cliente, el primero en unas cuantas horas.
El escritor de canciones
En el infierno del malditismo toda la enjundia se esconde, bien visible, tras el sonido: la música es la excusa. Y entre los malditos y bastardos sobresale un zumbado anoréxico llamado Richey Edwards, un gilipollas autodestructivo que ni siquiera sabía tocar, aunque tocaba, ¿saben dónde?, en los Manic Street Preachers.
Tres canciones, asalto uno
He aquí el nuevo juguete de los inercios: un post semanal, para celebrar la llegada de los viernes, en el que cada uno de nosotros les va a recomendar una canción. Un tema por cabeza, con mayor o menor justificación según el caso. Y si ustedes se sienten generosos y dospuntocero, pueden aprovechar los comentarios para hacer a su vez sus recomendaciones. Rock it, baby.
Necrosis en la poya
Pardillo de mí. Me acerqué a la música industrial y salí escaldado. Ingenuo, yo que con mis guitarras estaba tan pancho, quise ver qué se cocía en los fogones patrios del género. Qué cosas he visto. Tanto tanto ruido. He indagado lo justo, por cuenta y riesgo, en el grupo español Esplendor Geométrico, insigne banda que nació en los 80 y sigue publicando discos.
Fito, la inercia y las masas
Quería ir al concierto de Fito en Reus acreditado por La Inercia, para luego ponerme a las teclas aquí y vacilar en plan “lo véis, para esto sirve un blog”. La organización, no obstante, ignoró fríamente mis peticiones. Pues nada. Conseguimos las invitaciones por los medios de siempre y allí nos plantamos Raúl y yo, a comer altavoces de gratis. Y como Adri (o “withor”) no quiso venir, aún pudimos revender su entrada. O sea, que ayer cobré por verle las patillas al de Bilbao.











