Esta semana Raúl prestó atención, por una vez, a la música que el azar le echaba encima, Adrián se puso del lado de los segundones y V alcanzó la comprensión sobre el ciclo de vida de la música bailable, aunque aún no se ha puesto a escribir una entrada sobre ello. Todo esto no tiene nada que ver con las canciones que recomendamos.

La elección de V the Wanderer

AKIRA YAMAOKA + M.E. McGLYNN – ALWAYS ON MY MIND

Existe un pueblo olvidado entre la niebla, un lugar impío que conoce nuestros pecados, que llama a los perdidos, a los que no descansan en sus sueños. Su hechizo nos cautiva como el gélido canto de las sirenas, nos atrapa, nos retuerce. Aprovecha nuestra soledad y la oscuridad que repta en el fondo de nuestras psiques para encerrarnos en sus calles.

Dicen que detrás de ese pueblo está un demonio, pero la realidad es más cruda: se trata de un japonés delgado llamado Akira Yamaoka. Junto a él, su eterna aliada Mary Elizabeth McGlynn. Él, maldito titiritero, compone usando nuestras debilidades y miedos; ella, la voz perdida en el infinito, hace de médium y su trance la conecta con nuestros abismos.

Yamaoka aún no ha firmado un corte menos que excelente. Podría hacer cualquier cosa, pero hasta ahora sólo ha querido dedicarse a las bandas sonoras de la serie “Silent Hill”. Le debo un post, pero me adelanto y recomiendo su versión de “Always on my mind”. Sería una rareza, pero está hecha por un tipo que acabó un juego de terror con un tango: todo lo de Yamaoka son rarezas.

Esa canción, que en el imaginario colectivo es una bonita balada de Elvis, en manos de Yamaoka es puro anhelo, asfixia, obsesión, vacío. Se carga la melodía de raíz y machaca con una base electro-industrial que bien podría ser de Rammstein. McGlynn se muestra más herida y frágil que nunca, especialmente cuando el maestro se envalentona y simplifica la armonía para dejar, en el famoso estribillo, que la frase titular nos reclame. Estamos a merced de nuestros demonios.

La elección de Raúl

LA CABRA MECÁNICA – ME GUSTAR SER UNA ZORRA

Desactívese el corazón y enchúfese la entrepierna o, en su defecto, el rinconcito de hemisferio que cobija el impulso sexual más cochino posible. Esto no es una canción. Es un tiro, un grito animal sin clase. Los tacos de la más baja calaña se dan la mano con masturbaciones y lluvias doradas, además de versos con rimas consonantes y malsonantes, véase ‘gilipollas’ y ‘polla’. El mote zorra aparece diez veces, cabrón cuatro e imbécil una, las mismas que el vocablo amor, mientras que el sintagma verbal ‘que te den por el culo’ se nombra en una ocasión.

Por lo demás, guitarras sin concesiones con sucios acoples. Alma punk de Las Vulpes pasada por el filtro de La Cabra Mecánica. Tampoco despierta el apetito sexual, pues esta canción me evoca punkis descarriadas borrachas de cerveza un viernes por la noche, en un agobiante botellódromo de cualquier ciudad media española o en un garito que se llame ‘El Hendrix’.

Es una canción vulgar pero me gusta, pese al mal gusto de cada una de sus frases y a los nulos matices de su sonido atronador. A veces las canciones simples están bien o como dijo Neruda, “a mí lo que me gusta es follar”. La próxima semana, Laura Pausini. Por compensar.

La elección de Withor

NACHO VEGAS – AUTOAYUDA

Convenzámonos, a nosotros mismos, de que somos, como Loquillo y los Trogloditas, los mejores. Y lo seguimos siendo, no como ellos.  Somos los más altos, los más simpáticos, los que más ligamos, los que la tenemos más larga. Por ser somos, incluso, buenas personas. Tanto que nos preocupamos por la persona (ella, por huevos) a la que hemos abandonado, allí, en aquel estercolero, cual trapo sucio. Pero tenemos remordimientos (recordad, somos buenas personas) así que, en el fondo, nos preocupamos.

O visto de otra manera: echemos una pizquita de misoginia, una pizquita de falso ego y un buen montón de hipocresía para reconocerlo: no somos los mejores, en realidad, estamos jodidos. Y el hecho de que ella esté más jodida que yo, es la victoria más grande que podria conseguir. No es más que el mítico bailaré sobre tu tumba.

Gracias Nacho. Por hacerme comprender que en determinados momentos de la vida, siempre viene bien un poquito de autoayuda.