Vaqueros Musical apenas había aterrizado en nuestras vidas cuando ya lo habíamos condenado. Con pestazo a sorna y carcajadas como escenario, olvidamos leerles sus derechos. Les señalamos a la cara con nuestro dedo inquisidor, sin miramientos. No tuvieron tiempo de abrir la boca. Como si fueran negros en Baltimore, decidimos que saltarnos la presunción de inocencia era el movimiento más lógico. Nos convertimos en esas señoras que habrían colgado en mitad de la plaza del pueblo a Dolores Vázquez (la del Caso Wanninkhof) porque “era una mujer muy rara”.

Y ahora que ya es tarde, ahora que la campana no nos salvará, debemos reconocer -cara sonrojada, cabizbajos- que nos equivocamos, que deberíamos haberles dado una oportunidad, que la vida va mucho más allá de la japonesa de los barrios bajos de Hong Kong. Vaqueros Musical, ahí donde los ven, con sus ridículas pintas de cowboy y sus caras de no haber salido nunca del pueblo ni de haber tocado a una mujer sin haber pagado antes, han conseguido algo que muy pocos grupos han conseguido en la historia de la música, como es remover sus cimientos más sólidos, modificar los estatutos ancestrales, cambiar el paradigma presente que estaba enraizado cual rey a su poltrona. Vaqueros Musical, pese a sus sombreros, pueden presumir de ser los inventores de un nuevo género musical: la tecnobanda (o technobanda, para los anglófilos).

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Según la Wikipedia, y copio literalmente y de ahí la extraña sintaxis y el léxico, la tecnobanda es “un estilo de música parecido a la banda sinaloense surgida a finales de los años 80’s en México, en el estado de Nayarit y que prescindía de algunos instrumentos tradicionales (tambora, tuba) para producir un ritmo más rápido, a doble compás. Al igual que la tecnocumbia, esta contiene varios instrumentos electrónicos, entre los que figuran principalmente sintetizadores, bajo eléctrico, guitarra eléctrica, batería acústica y a veces como extra tambores de batería y percusiones electrónicas, así, con ésta variante musical, se acompaña el baile de la Quebradita”.

Los melómanos ya lo habrán captado, sus manos posadas en sus cabezas ante el impacto. Y es que esta revolución mexicana recuerda poderosamente a uno de los momentos más importantes de la historia de la música: Bob Dylan en el Festival Folk de Newport de 1965, enchufándose una guitarra eléctrica para cantar sus canciones folk, siendo abucheado por un público lloroso que no entendía por qué su joven ídolo estaba descuartizando el género que tanto amaban. Vaqueros Musical, como Dylan había hecho tres décadas antes, también fueron osados. Pegaron la patada a los instrumentos acústicos y apostaron por la electricidad, por tomar un sendero que jamás se había explorado. Como Dylan, también fueron pioneros. El resultado será mejor o peor (reconozcámoslo, la balanza se inclina hacia lo peor), pero su osadía quedará para los anales y quizás algún día se estudiará en los colegios.

Elvis fusionó por primera vez los ritmos de los blancos y los de los negros, los Beatles cambiaron la música popular para siempre, Bob Dylan revolucionó el folk electrificándolo, los Sex Pistols demostraron con la fuerza de sus guitarras que existían otros mundos dentro de nuestro mundo y Kraftwerk inició una nueva era cuando parecía que los acordes se habían agotado. Que Vaqueros Musical entre a formar parte de este grupo de revolucionarios musicales no es una cuestión subjetiva; es, simplemente, justicia.

@Adriwithor