nishino“El infierno son los otros” es una de las frases más citadas y malinterpretadas de la filosofía moderna. Los otros, en Huis Clos de Sartre, no son un infierno porque sean terribles; lo son porque nos ven. Su mirada nos convierte en una cosa, nos obliga a ser. “Todos esos ojos se concentran en mí, devorándome”: así empieza la cita completa en la obra. El infierno es ser un otro para los demás.

En Los amores de Nishino, Hiromi Kawakami presenta diez miradas breves sobre el personaje titular a través de diez mujeres diferentes que tuvieron, en diferentes momentos de su vida, romances con él. Como si lo viéramos de reojo, Nishino se nos escapa constantemente, casi un fantasma. Resulta apropiado, entonces, que al principio del libro aparezca un elemento sobrenatural y que nunca se recupere. Nishino existió gracias a la mirada de sus amores y se desvanece sin ellas. Puede ser un enigma, pero no hay ningún misterio que resolver: solo una presencia magnética, alguien buscando el amor sin conseguirlo nunca (al menos de manera permanente), anhelando recordar y ser recordado. Y la memoria siempre es desordenada e incompleta.

Quizá por eso siempre me ha gustado cómo Kawakami estructura sus libros: casi como colecciones de fragmentos, llenos de espacios vacíos y sucesos sugeridos a medias. Puede ser un tópico, pero siempre acabo recordando sus historias más por lo que intuyo que no cuentan. Parte de esto tiene que ver con una resistencia a las explicaciones (fáciles), a significados y afirmaciones claras. En un libro más tradicional, podríamos esperar un capítulo final que cambiase la focalización a Nishino, ofreciéndonos su punto de vista y gritándonos “¡por esto era!”. No aquí. Nuestras vidas no son narrativas y rara vez nos ofrecen un cierre, y tampoco lo hacen las obras de Kawakami. No estamos aquí para construir el gran relato de una vida sino para ver al personaje a través de los ojos de aquellas en las que tuvo un efecto, para ser testigos insuficientes de su existencia. Insuficientes, porque es una existencia construida desde distancias tensas. Kawakami es una maestra de la intimidad y el deseo incómodos. Sus personajes se enamoran y desenamoran en un momento y luchan por comunicarse.

No soy muy sartreano, pero al leer Los amores de Nishino volvía a esa idea que relaciona la presencia de un Otro con la formación de nuestra esencia: “Si hay un Otro”, escribió Sartre en El ser y la nada, “entonces tengo un exterior”. Aquí está el exterior de un hombre extraño que vivió, amó y fue amado, contado de manera tan bella como inquietante.