Ya están abiertas las inscripciones para el CXXI Tres Canciones de La Inercia. La prueba tendrá lugar sobre un recorrido de tres temas y 720 segundos aprox., con un desnivel positivo de subidónsubidón y negativo de bajonamala. Habrá avituallamiento líquido, sólido y ectoplásmico al final de cada tema y bolsa de escuchante en meta. Los escuchantes deberán llevar chip, o sea, estar pirateados, y doparse hasta que se les hipertrofien los párpados.

La elección de V the Wanderer

TINO CASAL – BILLY BOY

Vete a Google Imágenes, pon Billy Idol y dime si no da rabia el andoba. Con ese pelopollo y esa cara de malote, como el cruce pijo y niñato de Sting con Sid Vicious. ¿De qué vas, Idol, pavo? Hoy, anno domini 2012, es consenso que resulta ostiable, pero hace unas décadas Tino Casal le dedicaba, cambiándole el nombre por “Billy Boy”, un tema que rebosa admiración. Vaya huevos, vale, pero tampoco es que Casal fuera modelo de discreción y sobriedad. (Apunte: “Billy Boy” también es nombre de célebres condones. El dato no aporta nada pero da paramusicalidad y lecturas maliciosas.)

Casal arrejuntó este himno con un poco de ‘Rebel yell’ y otro tanto de ‘Dancing with myself’, luego le dio su toque sincopado y de locaza y un sonido simpático, como de sinte que se atasca, y hala, temazo, pura loca juventud, verás qué no, tron. Dime que el grito ése de “locolocoloco”, tan rápido que parecen unas gárgaras, no hace risa y vicia.

Todo esto me hace pensar en Boy George, otro enemigo del minimalismo, a quien yo imaginaba tras el tal John Boy de Love of Lesbian, pero no. Así, encadeno a Billy Joel, Billy Boy, Boy George, John Boy y Tino Casal (¿Tino Boy?), los encuadro en fila en el horizonte y me da para unos dibujos ochenteros de esos de nostalgia y nocilla. Entonces, redescubro ‘Billy Boy’ como la sintonía de intro que realmente es, a la manera de las tonadas para James Bond Jr., Lupin u otros valientes animados a los que un vocalista sobreactuado presentaba, en admirada segunda persona, antes de cada capítulo. “Hoy, en las aventuras de Billy Boy…”. Y casi (¡casi!) deja de darme rabia el notas.

La elección de Raúl

REVÓLVER – ODIO

Yo no odio a Carlos Goñi. Me pasa a veces. ¿Es grave, doctor? Y eso que la promo mainstream en los medios generalistas le volvió cansino cada vez que sacaba disco. Les sucedía a todos: repetían el discurso en cadena, nunca mejor dicho, y uno acababa harto de escuchar lo mismo en la radio o en la tele. Al fin y al cabo, había que darle coherencia al producto, y vertebrarle una cantinela para poder venderlo, entonces, hace ya unos años, a la masa. No le odio, digo, rabia cíclica si acaso, y eso que se le ve la trampa: aquí se torna cívico, chico bueno y populista para componer una letra insólita, de esas que se dejaban escuchar cuando uno cazaba al vuelo algún hertzio de la radiofórmula.

El truco está en que Goñi, después de volcar vicios, virtudes y DNI, asesta un estribillo convencional, bien memorable y masivo, pero con poco que ver con una letra que versa sobre sus manías y su visión del mundo y que por momentos se antoja cotidiana y prosaica, como aflorando incluso pedacitos de un monólogo: el repelús del agua del grifo en botellas de Coca-Cola, el vértigo de la luz amarilla del extrarradio o la rabia del dj locuaz que corta la canción antes de tiempo en la radio. De ese palo va desglosando Goñi, a veces más recitando que cantando, su pensamiento de ciudadano ejemplar. Revólver, en fin, puede ser esa gente eterna que ni fu ni fa, que dan tirria de vez en cuando, por pesados, pero que luego algunas canciones, pues bastante bien, oye, que habrá que aislarlas un rato de todo lo demás para que molen. Sí. Me sucede que hay días en los que no odio a Carlos Goñi.

La elección de Withor

PIXIES – VELOURIA

Los Pixies ya son los nuevos Beatles. No importa el género que practiques, si te lo inquieren en una entrevista, deja bien claro que tu máxima influencia son los Pixies. Cuando te pregunten por tu disco favorito, admite que tienes dudas entre el Doolittle y el Surfer Rosa (de los Pixies), y si quieres ir un poco de indie, escoge el Bossanova (de los Pixies). Cuando te pregunten por la década de los 90 a nivel musical, reconoce que fue una mierda, pero recuérdale al estúpido periodista que pese a todo, allí estaban los Pixies. Manifiesta tu frustración por no ser capaz de hacer algo tan bueno como los Pixies.

Explica una y otra vez que en los 90 eras un joven frustrado y que lo único que te hacía escapar de tu mierda de vida era tumbarte en la cama, fumar un cigarrillo, y escuchar a los Pixies. Cómprate todas las rarezas que salgan de los Pixies.  Reconoce que te mola la carrera en solitario de Black Francis, pero deja bien claro que nunca hizo nada tan bueno como con los Pixies. Ves a sus conciertos, y cuando acabe, grita a los cuatro vientos que no hay nadie como los Pixies…

Los Beatles ya son historia. ¡Larga vida a los Pixies!