Este martes a las tres de la mañana, cinco de la tarde en Tarifa, se dará por finalizado el proceso de privatización de La inercia, completando así el ciclo de refinanciación de los préstamos públicos, y dando por concluido el rescate que evitó a la entidad caer en concurso de acreedores y en hacer crítica musical. Según anunció el grupo inversor Dream Theater, el fondo público de ayuda a los bancos (Frob) vendió el 7,5% del capital de La inercia, cerrando una operación económica muy tocha.

La elección de Raúl

VEGA – QUIERO SER TÚ

A veces veo triunfitos. El último fue de madrugada. Estaba escuchando la radio en la cama y se coló una entrevista a Naím Thomas, uno de aquellos falsos prodigios, que uno imaginaba ya muy en el ostracismo. Cuando llegaba uno que sabía cuatro cosas de solfeo, parecía Schubert y los demás le ponían a componer (como cuando tener la FP te convierte en el intelectual del comando). También he tenido que escribir esta semana de Beth y Chenoa (pero no de Juan Camus), y por la tele salió un día el nuevo clip de Vega, irreconocible. Me dieron rabia entonces las metamorfosis impostadas, como un darwinismo para sobrevivir en la selección natural de la fama, en esos descarados productos de marketing, sólo tolerables en Bunbury, claro, y en pocos más.

Recordé entonces esta canción, acaso el tuerto en el país de los ciegos, y veo que no ha resistido al tiempo o a nosotros, que nos hemos vuelto seres escépticos, de morro ajado y paladar arisco; abracemos la intolerancia (la hurañía) que nos da la edad, pues. Se nos impuso la impresión entonces de que no estaba mal, de que Vega, alumna aventajada, componía y todo, de que aquello tenía su gracia, pese al azúcar y la simpleza de cantautora pop (esa producción asquerosamente limpia). Hoy ‘Quiero ser tú’ decepciona un poco, pero sin dramas. Ya dijo Jabois que crecer, en parte, es una traición. A mí me sobreviene el arrebato sensorial de que el tiempo pasa, así que lanzo aquí dos preguntas populistas para que esto se inunde de comentarios. ¿Dónde estabas tú el 11-M?  ¿Y cómo viviste la primera nominación para echar a Bustamante?.

La elección de V

GIUSEPPE VERDI – QUESTA O QUELLA

Seguro que en las paredes de Altamira ya hay pintado algún pajarraco vividor y mujeriego. Hay días en los que opino, muy convencido, que toda la Historia del Arte se podría resumir en “lo hizo por las tetas”, en una sublimación nitzscheana de la pulsión sexual, si quieren sonar más listos. El fucker hedonista, en consecuencia, es el arquetipo supremo de lo artístico; en él se allanan e igualan alta y baja cultura, refinamiento y vulgaridad. No lo inventó Don Draper, vaya: ahí está Raphael cantando ‘Todas las chicas me gustan’ (¿qué es el arte? Ese título) y ahí estaba Verdi, gerifalte de la ópera, abriendo su ‘Rigoletto’ con un duque cachondo, poderoso y conquistador hablando de ésta o aquella, de lo mucho que le gusta la Hembra, de su apetito insaciable. Cuesta no imaginarse la voz del autor tras esas afirmaciones y esa marcha vivaraz, y acaba uno preguntándose si de compositor de ópera, antes y ahora, se follará mucho.

La elección de Withor

M83 – MIDNIGHT CITY

Existen canciones que suenan tan bien, van tan a juego con algunos anuncios que uno -que con las hostias de la vida se ha vuelto un malpensado- acaba convencido de que en realidad no fueron compuestas como una liberación personal, con afán de catarsis o para dar al público lo que pide, sino con un objetivo puramente comercial. Son tonadas que están en discos, ¡que son cultura!, pero que parecen salidas del horno –de diseño- de un departamento de marquéting.

Me dijo V hace un tiempo cuando andábamos obsesionados con ‘Run boy run’ que aquello iba a ser carne de tráiler y música de fondo de vídeos deportivos y el cabrito no andaba equivocado. Hasta en la sopa, señores. Y qué decir de nuestra amiga Karen O. Dicen que algunas agencias de publicidad se ríen cuando ven que la competencia ha escogido –sesudo brainstorming mediante- ‘All is love’ porque “encaja perfectamente con la filosofía de nuestro producto”.

Aunque quizás los reyes del mambo en los últimos tiempos sean los M83 y su ‘Midnight City’. Que sí, que es un temazaco, pero a fuerza de escucharla en todos lados –falcas publicitarias en la radio, anuncios, vídeos en la tele ya sean deportivos o no y demás instrumentos sacadineros- al final voy a acabar pillándole manía. Porque aquí al final la pregunta importante es: ¿En qué momento estas canciones pasan a estar totalmente exprimidas? Muchos departamentos de marquéting, en este mismo momento, trabajan buscando la respuesta.